
Pueden pensar algunos que lo único importante en Medjugorje es la Virgen María, Reina de la Paz. Pero no es así. La Virgen es la Madre que llama a sus hijos en aquel lugar privilegiado, como en otros muchos, para llevarnos a Jesús. Con Ella de la mano vamos a la Eucaristía, donde está presente Su Hijo, que se encarnó en sus entrañas. El Verbo de Dios tomó de María carne de su carne y sangre de su sangre. Y el Hijo de Dios y de María, sigue haciéndose comida en el Sacramento del Amor. Sigue sacrificándose real y misteriosamente en la Santa Misa. Cristo nos da a comer su Carne y a beber Su Sangre, que es también Carne y Sangre de María. Cuando recibimos al Señor también recibimos a la Virgen. Donde está Jesús está María. Donde está María está Jesús.
María, como buena Madre, no se queda con nada, todo es para Dios y para nosotros. En su Mensaje del 25 de junio de 2001 nos dice lo siguiente:” ¡Queridos hijos! Estoy con vosotros y los bendigo a todos con mi bendición maternal. Hoy especialmente, cuando Dios os da abundantes gracias, oren y busquen a Dios a través de mí. Dios os da grandes gracias, por eso hijitos, aprovechen este tiempo de gracia y acérquense a mi corazón para que pueda conducirlos a mi Hijo Jesús. Gracias por haber respondido a mi llamado!”.
Y todos los peregrinos en Medjugorje se concentran con gozo, como gran familia, en torno al altar puntualmente. Sacerdotes y fieles en general, celebran la Eucaristía que con tanto esmero y belleza litúrgica preparan los PP. Franciscanos. Es la Eucaristía, sin duda, el Centro de aquel lugar santificado por María, Reina de la Paz.
Padre Juan García Inza
Murcia, España
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